¿Te parece justo que vivamos con la angustia de ser asesinadas, violadas o torturadas? Y solo por ser mujeres

Hoy, 16 de octubre de 2019, y luego tres años de búsqueda de quien fuera responsable por la violación, tortura y asesinato de Nicole Saavedra, se da a conocer la identidad del único detenido. Su nombre: Víctor Alejandro Pulgar Vidal, chofer de micro del sector de Limache. Este hombre ya se encontraba cumpliendo una condena de 10 años por delito de violación de menor de edad.

Para las mujeres asesinadas, ya sean lesbianas, trans, camionas, maricas, indígenas, migrantes, no hay justicia, pues encontrar al asesino no acaba con el dolor y horror que conlleva una tortura así. Ante la necesidad de visibilizar estos crímenes de odio que muchas mujeres han sufrido, y tantas otras tenemos que vivir con miedo diariamente, es que he de proponer un texto que revela el terror de morir asesinada y violentada por ser mujer.

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Carta a una madre:

“Mamá, tengo miedo de morir asesinada”

Desde chica tuve que aprender a cuidarme sola porque tú estabas ocupada en los quehaceres de la casa sin un mísero pago a cambio; por estar trabajando más de 12 horas por un sueldo mínimo que no alcanzaba ni a la mitad de las deudas mensuales; por estar sirviéndole a ese esposo que tenías, que ni gracias te daba por preparar tan ricas comidas; por estar ocultando tus más profundos miedos y pesares, para que nosotras no viéramos que nuestra ‘súper mamá’ también sufría…

Y bueno, yo te miraba y pensaba en todo lo que tenías que hacer, y que lo mejor que te podía dar, era cumplir con mi único deber: ser buena estudiante. Por ello me gustaba mucho darte honores. ¿Te acuerdas? Cuando en mis múltiples talleres salía a lucirme delante de todos y ahí estabas tú, aplaudiéndome con mucho orgullo. Una vez estaba bailando y desde el público escuché: “Esa es mi hija”.

Hoy, sigo estudiando. Te veo cada día más vieja, pero siempre más sabia. Valoro cada una de las afrentas que te puso la vida, y cómo fuiste tan astuta para superarlas en cuanto tus fuerzas pudieron; algunas no tanto, pues también te golpearon física y emocionalmente esos que se hicieron llamar “tu pareja”. Nos cuidaste a mí y a mis hermanas con todos los métodos posibles y lo hiciste muy bien, madre. Aunque a veces mis hermanas no lo vean, yo si lo hago, y tus nietos también lo notan, por eso te amamos tanto.

No comprendo cómo lo lograste en un mundo tan machista, competitivo, discriminador, corrupto y facho.

No leo ni veo noticias porque crecí con una sensibilidad tal- esa que nació cuando yo aún estaba en tu vientre y te quedaste viuda con 3 hijos por criar-, que me angustio fácilmente. Pero sí estoy atenta a cierta información que me ayude a ser más crítica, a luchar y a pensar y actuar con respeto y equidad mi entorno. Suelo fallar y errar mucho, pero mamá, te juro que intento hacer lo mejor que puedo: solo que la vida me pesa hace años.

A la fecha van más de 50 casos de mujeres asesinadas por parejas, amigos y cercanos de estas; y la “justicia chilena” no hace honor a su nombre. Y testigo y víctima de esas malas prácticas es que abogo por el feminismo, y estudio la larga historia de este movimiento (político y social) en el territorio, y es por eso que hoy tengo miedo.

Tengo miedo porque cada día soy consciente que la lucha siempre trae consigo sangre derramada.

Tengo miedo de que un día te llamen y digan que me encontraron muerta, violada y asesinada por ahí.

Tengo miedo que después de todo tu esfuerzo vital, te entreguen una noticia como esa; y que todo lo que hiciste hasta hoy por tu familia, alguien te lo arrebate violentamente.

Tengo miedo de morir acuchillada, pudiendo haberme matado cuando mi depresión no me dejaba respirar.

Tengo miedo que tu frecuente “todo lo hago por mis hijas” a tus 60 años ya no tenga sentido.

Tengo miedo de hacerte ese daño.

Tengo miedo de morir y que nadie haga juicio por mi muerte.

Tengo miedo de ser asesinada por no cumplir con la heteronorma que me obligan a tener.

Tengo miedo de ser una de las tantas que han muerto y que van a morir por culpa de esos demonios terrenales que apuntan a esa hombría que tanto odio.

Tengo miedo, ese miedo que a los 15 o 20 años no tenía al caminar a las tantas de la noche por calles oscuras.

Tengo miedo de enterarme que una amiga, conocida, compañera, o cualquiera que haya visto alguna vez, muera en manos de una basura humana.

Tengo miedo de no volver a verte a tu casa, mamá, porque alguien decidió acabar conmigo.

Tengo miedo por todas esas nuevas pequeñas que crecerán en este mundo.

Tengo miedo que esta violencia no acabe nunca y tener que vivir con miedo permanentemente.

Mamá, tengo miedo.

Tengo miedo de morir asesinada.

* La ilustración es de Leah Reena Goren.

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