Palabras cruzadas: Investigaciones y aprendizajes en torno al MEMCH Biobío

C: Carla Olivares Cariaga

F: M. Fernanda Morales Ortiz

¿Qué fue el MEMCH?

El Movimiento Pro Emancipación de las Mujeres de Chile -MEMCH- se fundó el 11 de mayo de 1935 en la ciudad de Santiago. Fue una organización autónoma constituida por mujeres de diversos grupos sociales y feministas -desde 1935 a 1953-, cuyo interés mayor era lograr, desde aquella época, la emancipación integral, y en especial, la emancipación económica, jurídica, biológica y política de la mujer. Desde su creación se propuso formar comités locales a lo largo de todo el país para trabajar desde distintos territorios y formas sus objetivos principales. Estos comités tuvieron un importante intercambio epistolar desde y entre los comités locales hacia la central ubicada en la capital. En la región del Biobío (y Ñuble) el MEMCH tuvo un despliegue importante, y donde en algunos casos los comités alcanzaron un numero significativo de socias. El Movimiento estuvo presente en Concepción, Los Ángeles, Coronel, Lota, Talcahuano, Arauco, San Rosendo, Chillán, Isla Santa María, Laraquete, Arauco, Curanilahue, Talcamávida, Mulchén y, en algunos casos, con subcomités locales1

Para memorar y dar valor, tanto al trabajo que se organizó en el MEMCH como a las propias memchistas, hemos de compartir una entrevista cruzada que realizamos con M. Fernanda Morales Ortiz, antropóloga fundadora del proyecto Emancipadas Biobío, y quien escribe, Carla Olivares Cariaga, integrante de la ONG Amaranta, docente y magíster en literaturas hispánicas con orientación en literatura e historia del feminismo chileno.

Entre ambas abordaremos nuestros trabajos e intereses personales. Por tanto, comenzaré por preguntarte, M. Fernanda… 

Carla: ¿Qué tipo de acciones que las memchistas de la región realizaban, aún permanecen o se memoran? ¿Por qué es necesario recordar y guardar en la memoria colectiva este tipo de trabajo colaborativo feminista?

Fernanda: Creo que lo que aún permanece se relaciona a estrategias y la creación de espacios; la participación en ollas comunes, las marchas callejeras, las reuniones en hogares, la creación de alianzas, la formación de redes amorosas y solidaridad, desde una perspectiva de justicia social, es algo que ya desde 1935 venían realizando en general las organizaciones de mujeres y feministas en la región, y específicamente los comités locales del MEMCH en el Biobío. 

Respecto a qué acciones aún se memoran, es un poco difícil, pues dentro del trabajo en terreno realizado para el Fondart y algunas entrevistas posteriores, hemos notado en general un desconocimiento de la presencia de la organización a nivel regional, incluso incredulidad ante la presencia temprana del movimiento feminista en los territorios. En los casos en que hemos encontrado descendientes, ha sido complejo encontrar una narración en torno a la acción política de las memchistas, que se puede relacionar a la cantidad de años que han pasado, pero también porque lo que realizaban estas mujeres no necesariamente era traspasado como un relato relevante. Y de ahí me tomo para hablar de la necesidad de recordar o que estas acciones pasen a un relato colectivo, y ese siempre ha sido el objetivo de este tipo de trabajos…nos permite pensarnos como parte de una historia más amplia, nos hace pensar que siempre hubieron mujeres relevantes y que no sólo estaban en el ámbito público sino también desde sus hogares, y que su ausencia se debe a un proceso de qué relevamos y qué no, basado en determinadas relaciones de poder. Por eso mismo, no basta con adicionar mujeres a una historia oficial sino entender que hay mecanismos que las han borrado de ella.

C: ¿Cómo surge tu interés personal en realizar y trabajar este proyecto Emancipadas BioBío? ¿Qué fue lo que te motivó personalmente en tomar en valor el trabajo que las memchistas habían realizado en la región?

F: El abordaje específico por el MEMCH se dio a partir de la invitación de la antropóloga Francisca Marticorena del Archivo Nacional, quien realizó un proceso de “activación” del interés por las memchistas en quienes participamos en el Fondart “Compañeras memchistas: mujeres y memoria histórica en la correspondencia del Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena” (407767), y que luego decantó en un proceso personal por saber no sólo del MEMCH a nivel nacional, sino específicamente qué hicieron, quiénes fueron y por dónde accionaron políticamente en la región del Biobío. Aquello lo comenzamos a indagar en el proyecto Fondart “Memchistas el Biobío: organización de mujeres, solidaridad y territorio” (502758) junto a un grupo interdisciplinario de personas, en el que pudimos recopilar archivos y difundir la acción de esta organización a nivel local. Los productos de este trabajo fueron en la línea de difundir ampliamente y en un formato amable, la presencia del MEMCH y su despliegue territorial, a través de una publicación en formato revista y una cápsula audiovisual

Emancipadas Biobío surge en paralelo -y cuyo nombre fue recomendación de Erika Reyes-, como una necesidad de ir divulgando la información que íbamos recopilando, y por aportar desde una pequeña vereda al conocimiento de estas mujeres del siglo XX, lo que significaba compartir aquel aprendizaje y la posibilidad de que otras se interesen. Tenemos planificado, en este mismo sentido, lanzar una plataforma web, para poder tener en un espacio de notas, archivos, entre otros, buscando ampliar las formas de acceder a este conocimiento y que se puedan generar nuevas preguntas e investigaciones. 

Publicación Emancipadas. La presencia del MEMCH en el Biobío. Fotografía de Carlos Ríos V.

C: ¿Qué prácticas accionadas por las memchistas podemos tomar hoy para trabajar desde el activismo? ¿Algunas enseñanzas que podemos considerar desde espacios feministas?

F: Creo que las prácticas feministas que podemos aprender de ellas no son sólo sus estrategias, sino también en el modo de plantearnos las investigaciones y de qué manera el feminismo permea nuestro modo de construir conocimiento. Existieron otras investigadoras antes, y aunque trabajemos de manera solitaria nunca ese conocimiento emerge sólo de nosotras, si no que al igual que el movimiento feminista, es un continuo. Por eso mismo es importante relevar y partir desde el trabajo que ya hicieron Corine Pernet, Ximena Jiles, Edda Gaviola, Diamela Eltit, María Angélica Illanes, Gloria Cortés, Claudia Montero, Francisca Marticorena, entre otras, y la misma Elena Caffarena, quien guardó los documentos del MEMCH. 

Creo que en cuanto a las prácticas que ellas llevaron a cabo y que son interesantes para la actualidad están, por ejemplo, su diagnóstico en torno a la situación de las mujeres en la sociedad… cuando ellas se plantearon la emancipación y el programa de la organización lo hicieron a partir de discusiones, como lo que se dio por ejemplo en los Congresos Nacionales de 1937 y 1940, donde participaron mujeres de distintas partes del país y en las que se plantearon distintas temáticas con una relatora, desde dónde se sacaban conclusiones que fueron enviadas (las de 1937 por lo menos) a los comités locales. También, otra forma que tenían de trabajar, era el establecimiento de alianzas con partidos políticos, con organizaciones de mujeres, sociales o con el Estado, y la utilización por esto mismo de distintos espacios para llevar a cabo su programa. Sin embargo, esto hay que verlo dentro del contexto histórico en el que ellas vivieron. 

Delegaciones de mujeres de comités locales llegando a Santiago para 1er Congreso del MEMCH. Fuente: Periódico del Frente Popular, 30 de octubre de 1937. Fondo Kena Lorenzini, Archivo Mujeres y Géneros, Archivo Nacional.

Punto aparte, algo que rescato de la creación de este espacio virtual de Emancipadas es la comunicación con otras investigadoras/es que se han acercado al MEMCH desde distintas disciplinas o quehaceres, esto me ha permitido conocer otras perspectivas y personas con la necesidad de cuestionar la forma en que hemos creado determinados relatos, construir genealogía feminista que considere el contexto local y crear formatos de difusión que no sean sólo libros o papers, y ello también ha sido un aprendizaje. La investigación del MEMCH me permitió por ejemplo, conocer tu trabajo sobre Marta Vergara y tu tesis de Magíster, por eso también quería hacerte algunas preguntas:  

Fernanda: ¿Cómo llegaste a la figura de Marta Vergara y su participación en el MEMCH? ¿Qué te motivó a realizar una investigación de ella y que elementos de la figura de Marta te llamaron la atención?

Carla: Un día me encontré con Memorias de una mujer irreverente de Marta Vergara en el pie de página de un artículo sobre escritoras chilenas. Jamás había leído sobre ese libro ni el nombre de la autora. Mi desconocimiento me causó tanta curiosidad que pedí el ejemplar disponible, una de sus primeras ediciones, en la biblioteca de mi facultad. Lo leí en unos pocos días, pues la ansiedad de saber qué era este pasado histórico feminista que poco y nada sabía de él, me llevó a concretar que el texto y la autora se habían convertido desde ese momento en mi guía para realizar mi tesis de magister. En mi lectura descubrí un sinfín de mujeres valientes e irreverentes que habían trabajado con Marta hace casi cien años atrás en el MEMCH, para que hoy tuviéramos una vida más digna. Marta fue una precursora desde la literatura, el periodismo, la lucha feminista, la historia y su propia experiencia personal, de una forma nueva de hacer, pensar y construir la historia feminista de nuestro país. Su lucha y cómo esta se unió a tantas otras luchas personales, sociales y políticas me causaron tanta emoción que no he parado de leer, escribir o investigar sobre feminismos, activistas desde las artes y la literatura, como también todo lo que en su quehacer comprende. 

F: ¿Podrías contarme a grandes rasgos cómo el libro Memorias de una irreverente se conecta con los análisis que se pueden hacer desde la literatura?

C: Las memorias, los testimonios, las cartas, los diarios de vida son formas literarias representativas de mujeres y disidencias. Hay un gran número de libros, aunque muchos desconocidos desde el canon, que buscan narrar lo que nadie ha narrado desde los espacios de poder. Memorias de una mujer irreverente nos propone una ventana a ese pasado histórico literario  que las narrativas tradicionales no han contado, ofreciendo una mirada crítica al trabajo que tanto la protagonista realizó como el que las mujeres mencionadas en la obra realizaron en conjunto en contra las opresiones de la sociedad, en un contexto aún más precario que el actual. Además, su estructura es un compendio de varios géneros que se entrelazan para crear una gran obra, abordando la crónica, la memoria, la poesía y la historia nacional. Todos esas formas textuales están incluidas de manera tal que propicia el contar, expresar e informar desde la voz narrativa de Marta como gestora de su propia historia y  de nuestro pasado feminista. El libro tiene muchas aristas para leer, estudiar y compartir, para conocer y reflexionar. Es una forma otra de leer historia, contada por su propia protagonista cuya vida y obra aún no se le da el valor que le corresponde, así como otras tantas mujeres de la historia nacional.  

F: ¿Cuál es la importancia en la actualidad de Marta Vergara, qué acciones y discursos de ella podemos traer al presente para entender mejor el movimiento de mujeres y feminista?
C: Los textos tienen ese valor de conservar el pasado, la memoria de aquello que no se puede olvidar. La obra de MARTA, tanto en su libro Memorias de una mujer irreverente como su trabajo periodístico en La mujer nueva, nos vienen a recordar todo lo que se ha trabajado por años para que nosotras hoy podamos vivir con un poco menos en desigualdad. Junto con sus compañeras formaron en conjunto herramientas útiles para llegar a cabo su trabajo feminista. Tenían dinámicas horizontales, todas eran parte importante de la labor que realizaban, hacían juntas regulares tanto en la central de la capital como en sus propios comités locales, se mantenían en constante comunicación para informar lo respectivo a ellas mismas como a sus problemáticas colectivas y sociales, mantenían registros de sus actividades en actas como también en las cartas que usualmente dirigían al comité central. A pesar de ser todas muy variadas compartían a fines sus propuestas colectivas con el propósito de una vida más equitativa y su emancipación del sistema patriarcal.

Así mismo, Marta nos deja ver a través de su relato, que a pesar de la dificultades constantes que una mujer puede tener al enfrentarse en oposición a las normas restrictivas del patriarcado, el esfuerzo es menor cuando se une a otras mujeres, que juntas son más fuertes, pues en conjunto son capaces de lograr cambios sociales significativos a niveles educativos, económicos, políticos de una forma crítica y equitativa. Por ello es necesario guardar la memoria de mujeres como Marta, Elena, Olga, Laura, entre muchas otras que formaron parte de la historia de la lucha feminista en nuestro país.

1. Listado obtenido a partir de la investigación Fondart Memchistas en el Biobío: organización de mujeres, solidaridad y territorio. En algunos casos como Talcahuano y San Rosendo, no podemos aseverar que se conformaron como comités locales, pero sí establecieron comunicaciones y relaciones con la organización.

Exposición “Feminismo: Una mirada del siglo XXI al siglo XX“ ubicada en el Archivo de la Biblioteca Nacional, marzo de 2019. Colección personal de Carla Olivares Cariaga.