El autorretrato y la selfie también pueden ser espacios de resistencia feminista

Texto por Cecilia Ananías Soto.
Ilustración en portada por @Onreivni

Cuando niña, no me gustaba que me tomaran fotografías. Primero, porque no me sentía representada por las imágenes que otres tomaban de mí. Segundo, porque incluso dentro de mi familia había ciertas preferencias por retratar a algunes por sobre otres, en base a quién cumplía más con los cánones de “belleza infantil”. Y tercero, porque en el entorno machista donde crecí, escuché muchas veces decir que “las niñas que se tomaban muchas fotografías eran tontas”. Y yo no quería serlo. Así que evitaba el rosado o gastar mucho tiempo arreglándome y por supuesto, las fotografías. Como resultado, hay una especie de vacío de imágenes durante un periodo bastante largo de mi vida.

Por suerte, se me atravesó el feminismo en el camino y esto me ha permitido deconstruir muchas ideas nefastas que me habían inculcado sobre mí misma, lo que hacía y mi cuerpo. De a poco, fui agarrando la cámara y animándome a autorretratarme con ella, hasta que di con esa perspectiva que sentía que nadie más podría captar de mí. Hoy, en plena pandemia, he terminado de comprobar cuán necesario es el ejercicio de fotografiarse: Ha sido mi compañía, mi diario de vida, mi forma de ir narrando mi propia historia y en mis términos, todo esto en medio de un escenario que ha sido caótico y -en mi caso-, muy solitario. Seguir leyendo