Si bien Chile ha experimentado avances relevantes en el reconocimiento formal de los derechos de las mujeres, persisten múltiples formas de violencia que afectan de manera específica y diferenciada a las mujeres por su condición de madres. Estas violencias no solo reproducen desigualdades estructurales de género, sino que además impactan de forma directa en el bienestar de las mujeres, así como en el desarrollo y protección de niñeces y jóvenes.
Es por ello que respondimos al llamado de la Relatora Especial sobre la violencia contra las mujeres y las niñas de las Naciones Unidas, el cual solicitó reportes sobre violencia hacia las madres. En nuestro caso, presentamos tanto un informe individual sobre violencia vicaria digital, como también levantando un reporte en conjunto a otras seis organizaciones: Observatorio de Violencia Obstétrica Chile, Madre Nativa Arica, Fundación Soymás, Ginecólogas Chile, Matria Fecunda y Fundación Amparos.
En 2025, corroboramos la existencia de la violencia vicaria digital, la cual se expresa a través de ataques sistemáticos mediante el uso de tecnologías digitales para continuar el maltrato una vez terminada la relación de pareja, apuntando específicamente a la maternidad. Ahí, la tecnología elimina la distancia física y amplifica el alcance y persistencia de la violencia.
Los impactos documentados abarcan múltiples dimensiones. A nivel judicial: sobrecarga procesal, uso de evidencias manipuladas y revictimización. A nivel económico: afectación de la autonomía mediante daño a la reputación profesional. A nivel social: aislamiento, autocensura y restricción de la libertad de expresión. Si bien el estudio se centró en Chile, las solicitudes de participación de mujeres de otros países evidencian el carácter transfronterizo del fenómeno.
La violencia vicaria digital representa un ataque directo contra las mujeres en su rol de madres, utilizando la tecnología como herramienta para socavar su credibilidad, autoridad materna y vínculo con sus hijos e hijas. Esta forma de violencia perpetúa el control y el castigo más allá de la separación de pareja, instrumentalizando a los hijos e hijas y la maternidad misma como vehículos de daño. Las madres enfrentan así una doble victimización: por parte del agresor que utiliza las plataformas digitales para prolongar el maltrato, y por parte del sistema judicial y social que frecuentemente deslegitima sus denuncias, afectando su salud mental, autonomía económica, redes de apoyo y capacidad de ejercer plenamente su maternidad en condiciones de seguridad y dignidad.
Lee nuestras recomendaciones ante la ONU y los informes individuales (en español e inglés) y grupal (en español) a continuación:
